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Esto no es el evangelio

Los líderes religiosos del tiempo de Jesucristo eran las personas más morales de su sociedad, obsesionadas por mantener la más pequeña de las leyes del Antiguo Testamento y las tradiciones judías. Incluso daban el diezmo de las semillitas de sus especias. En Mateo 23.13-39, el Señor pronunció una serie de advertencias.
El discurso de Jesús en contra de estos falsos moralistas era el más duro sermón que jamás Él dio. Condenó el moralismo de ellos como hipocresía: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad» (vv. 27-28). Jesús nunca usó palabras duras como estas contra los marginados, las prostitutas, los recaudadores de impuestos o los criminales de su época. De hecho, pasó la mayor parte de su tiempo ministrándoles, hasta el punto de que los fariseos le acusaron de ser «un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores» (Lucas 7.34).
El moralismo nunca fue el mensaje de los profetas del Antiguo Testamento. Nunca fue el mensaje del Mesías. Nunca fue el mensaje de los apóstoles. No es el mensaje del Nuevo Testamento. «Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne» (Colosenses 2.23). Nunca ha sido el mensaje de Dios al mundo. Este no es el evangelio.
¿Dónde se ha infiltrado el moralismo en tu vida espiritual?



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