¿En qué?
Indolencia. Pereza. Conformismo. Tibieza. Apatía. Estás eran las características del pueblo de Dios al cerrarse el Antiguo Testamento. El último profeta del Antiguo Testamento, Malaquías, que significa «mi mensajero», le habló al pueblo de Dios ante la primera venida de Jesucristo. Y tiene mucho en común para nosotros los cristianos ante la segunda venida de Cristo.
La manera en que Israel respondió a cada uno de los mensajes de Dios por medio de Malaquías es una muestra viva de la actitud de ellos.
Veamos:
1. 1.2
Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste?
2. 1.6
El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?
3. 1.7
En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado?
4. 2.17
Habéis hecho cansar a Jehová con vuestras palabras. Y decís: ¿En qué le hemos cansado?
5. 3.7
Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?
6. 3.8
¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado?
7. 3.13
Vuestras palabras contra mí han sido violentas, dice Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti?
«¿En qué te ofenden nuestras palabras?» (Nueva Biblia Española)
El pueblo de Dios observaba con asombro al profeta y con incredulidad le preguntan: «¿En qué? ¿Qué nos quieres decir? No estamos concientes de haber hecho algo que pueda desagradar a Dios. ¿Cuándo fueron las cosas de que nos acusas Malaquías?»



