Experiencias para madurar
Algunas experiencias de la vida acelerarán en gran medida el proceso de madurez. Tu actitud ante ellas determinará si las disciplinas de Dios se convertirán en causa de aflicción o de bendición, te endulzarán o te amargarán.
Dios ordena las circunstancias de tu vida con un cuidado meticuloso. Nunca se equivoca.
La presencia o la ausencia de la madurez espiritual es aún más fácil de advertir en la actitud de uno respecto de las cambiantes circunstancias de la vida. Con demasiada frecuencia generan ansiedad, enojo, frustración o amargura, mientras que el diseño de Dios siempre apunta a tu crecimiento espiritual (Hebreos 12.10). Alguien ha dicho: «Hay algo acerca de la madurez que viene a través de la adversidad. Si uno no sufre un poco, ¡nunca dejará de ser un niño!»
El testimonio de Pablo ante esa verdad fue grabado en preparación de una experiencia ardua. Lee el catálogo de sus pruebas en 2 Corintios 11.23-29, y luego escúchalo decir:
«He aprendido a contentarme, cualquiera sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad» (Filipenses 4.11-12).
En los días de la iglesia primitiva había cuatro actitudes que adoptaban las personas hacia las pruebas y los sufrimientos de la vida.
El fatalista consideraba todo lo que sucedía como inevitable e inalterable, así que ¿para qué luchar en su contra? ¿Por qué no ignorarlo? El fatalista musulmán lo descarta diciendo: «Es la voluntad de Alá».
La perspectiva estoica era que, ya que uno no puede hacer nada al respecto, hay que endurecerse, desafiar las circunstancias y dejar que hagan lo peor.
La actitud epicúrea era: «Comamos, bebamos y seamos felices, puesto que mañana moriremos». Mitiguemos nuestros sentimientos concediéndonos los placeres sensuales de la vida.
Sin embargo, el cristiano maduro va más allá de someterse tristemente a la voluntad inevitable e inalterable de Dios. Él no sólo acepta la voluntad de Dios sino que la abrazan con gozo, aunque sea a través de las lágrimas.
Respecto del dominio de las circunstancias que tenía Pablo, advierte que era un proceso, no una crisis. Su dominio abarcaba todo tipo de circunstancia, desde la abundancia hasta la escasez. El secreto de lo que decía se halla en Filipenses 4.13: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». Fue debido a esta unión vital con Cristo que pudo triunfar y estar contento. No se escapó de la circunstancia difícil, sino que la abrazó y la convirtió en tributaria a su crecimiento espiritual. Ya que dependía tanto de Cristo, pudo ser independiente de las circunstancias.




March 7th, 2010, 5:04 am
es dificil pero no imposible el camino estrecho del camino de Dios.