No es café instantáneo
Hay que esforzarse. No existe tal cosa como la madurez instantánea. Implicará la misma diligencia y disciplina que una carrera en una prestigiosa universidad, como todo el esfuerzo que conlleva, si es que vas a graduarte en la Universidad de Dios.
Hay determinadas cosas que debes hacer solo; Dios no las hará por ti. La disciplina propia y la perseverancia son ingredientes esenciales.
La excelencia en el reino del intelecto, de la música o de los deportes no es solo el trabajo del maestro; involucra la cooperación activa del alumno y no puede lograrse sin una fuerte motivación y una negación propia deliberada.
No se logrará un crecimiento rápido en la madurez cristiana hasta que se ha dado el primer paso indispensable de sumisión al señorío de Cristo. La pregunta clave que determina si a Él se le ha dado ese lugar de autoridad en la vida o no es: «¿Quién toma las decisiones en tu vida?»
¿Qué dinámica te llevará a la madurez? «Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor» (2 Corintios 3.18).
El objetivo significa «mirando la gloria del Señor» y produce un resultado subjetivo, la transformación en el discípulo que la practica. Solemos convertirnos en aquellos a los que admiramos. Una mirada a Cristo salvará, pero es la mirada a Cristo la que santifica. Esto necesariamente significa que se apartará un tiempo para permitir que el Espíritu efectúe la transformación.
Mientras dedicas tiempo a observar al Cristo que está revelado en las Escrituras y ansias parecerte más a Cristo, el Espíritu Santo silenciosamente realiza el cambio progresivo en ti. Él logra eso aumentando tus aspiraciones y revelando e impartiendo las gracias y las virtudes de nuestro Señor en respuesta a tu confianza.



