¿Quién mata la alegría?
El pecado destruye el regocijo. Ofrece deleites engañosos, pero al final mata. Al tratar con tu pecado puedes cometer dos errores. Uno es darle poca importancia. El otro es sentirte abrumado por él. El pecado hay que tomarlo muy en serio, aborrecerlo, renunciar a él y confiar en Cristo como tu único Salvador de la culpa y el poder del pecado.
Una de las razones por las que algunas personas sufren de extensos tiempos de tinieblas es la poca disposición a renunciar a algunos pecados amados. Jesús, el apóstol Pedro y el rey David hablaron de cómo el pecado no confesado dificulta el regocijarnos en Dios. Mira lo que dijo Jesús: «si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda» (Mateo 5.23, 24). Extingues la alegría del compañerismo con Dios cuando rechazas confesar tus ofensas a los hombres. Pedro relacionó esto con el matrimonio y dijo que si un esposo peca contra su esposa, sus oraciones serían estorbadas (1 Pedro 3.7). Si quieres el gozo de ver y saborear a Dios en Cristo, no debes hacer las paces con tus pecados. Debes declararles la guerra.
Escucha la experiencia de David que viene del pecado en su vida no confesado y al que no había renunciado: «Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día» (Salmos 32.2, 3). Estas palabras están llenas de esperanza. Puedes asirte firmemente a tu pecado, mantenerlo en secreto, y «gemir todo el día» en la oscuridad; o puedes confesarlo y experimentar la asombrosa experiencia del «hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad».
La casi increíble esperanza de confesar y renunciar al pecado es que entonces el Señor no te lo echará en cara, sino que lo cancelará para siempre. No los pone en tu cuenta. Desde este lado de la cruz sabemos cómo Dios puede hacer esto con justicia. Cristo padeció la ira de Dios por ese pecado (Gálatas 3.13). Las cuentas ya están saldadas. Por lo tanto, no debes temer confesarle tu pecado, por amado que este sea para ti. La vergüenza no te perseguirá. Cristo te viste con su propia justicia (2 Corintios 5.21).




January 6th, 2010, 8:26 pm
amen! ay que aborecer el pecado y clamor a Dios nuestro Senor para que nos perdone de toda maldad. ay que desecharlo y romper todo que no le glorifica al Su Nombre. Dios quiere que nos humillemos nte el …asi nos muestra su mano de poder u misericordia. sin paz o santidad no veremos a nuestro senor dice la palabra. decechar el pecado y dios nos pone ese amor que va fluir entre nosotros. ese rio de agua viva y no podramos sentirnos abandonados o enojados porque estariams muy alegres de una sonrisa 100 a 100 =]