Para que seas felicísimo (segunda parte)
Siguiendo con nuestro tema, para ser más que feliz se necesita:
Humildad espiritual.
«Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad» (Mateo 6.5).
La humildad es una flor exótica en nuestro mundo contaminado y lleno de humo y neblina. No es nativa de la tierra y es poco estimada por el hombre en general. La palabra mansos es más que cordialidad y blanda disposición. Jesús era manso, pero estaba lejos de ser blando. De hecho, Él era lo opuesto a débil.
¿Fue blandura lo que demostró cuando, solo y con el látigo en la mano, sacó a los mercaderes con sus ganados fuera del templo? No fue nada servil ni sumiso. Cuando les preguntó a los discípulos quién decían que era Él, ellos respondieron: «Algunos dicen que Elías, otros que Juan el Bautista»: ¡Dos de los personajes más ásperos de la Biblia! La palabra manso se usaba para referirse a un caballo que había sido domesticado, dando la idea de energía y poder, controlado y dirigido. La mansedumbre no es una cualidad sumisa.
Esta virtud desafía las normas del mundo. «¡Defiendan sus derechos!» es el grito estridente de nuestros días. Por el contrario, Jesús dijo que el mundo es tuyo si renuncias a él. El manso, no el agresivo, heredará la tierra. El manso tendrá una herencia. «Heredarán la tierra».
Aspiración espiritual
«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados» (Mateo 6.6). La bendición prometida aquí no se refiere a un simple anhelo o a un deseo lánguido; es para los que tienen un ansia apasionada no por la felicidad sola sino por la justicia: Una relación correcta con Dios.
La persona verdaderamente bienaventurada es la que tiene hambre y sed de Dios mismo, no solo de las bendiciones que Él da. El rey David sabía de esta aspiración cuando escribió: «Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía» (Salmos 42.1).
El descubrimiento de que la felicidad es un subproducto de la santidad ha sido una gozosa revelación para muchos. Por lo tanto, debes ir en pos de la santidad. Dios está ansioso por satisfacer todas las aspiraciones santas de sus hijos. Las tuyas también «serán satisfechas».



